RAFAEL VILLANUEVA EN SU CREATIVIDAD

Publicado en por Miguel Prado


 

 


 

Rafael Villanueva terminó por una rueca del destino de forma natural. Pero digo esto para recordar este personaje tan modesto, no ostentoso. Es decir, de pronto sé que le gustaba la poesía y eso pudo ocurrir por encontrar un camino, en el caso de Juandemaro Querales, el iniciador y fabulador de un proyecto maravilloso. En el hecho de un amigo, claro está: es una persona que se encontró con un gran maestro, y a veces ha sido nuestro tutor, mentor y alter ego. Es decir, algo nos ha dado la providencia, y luego intervino el talento en sí, y quizá esto nos hizo crecer una motivación por la literatura en general.

 

 

En el caso de Rafael Villanueva, por ejemplo, bueno, yo conozco poco de su preferencia, el punto de partida que le dio un autor en particular, conozco su ejercicio por demoler lecturas, conocí los detalles sobre un verso feliz. Pero luego tuve que indagar más sobre esto, mediante mis muy alucinantes lecturas, qué sucede entre mi inicio en el Taller de Jóvenes Estudiantes Universitarios de Juandemaro Querales y lo que logré después en la UPEL, por iniciativa de otros amigos estudiantes de la Universidad Central de Venezuela entre ellos a Raymundo Santurio. Pero luego de comentar otros problemas de la literatura universal; por ejemplo, si convenía escribir que la poesía sea adoptada en forma connotativa o en forma subjetiva tomando como base autores clásicos para trasladarlo a la realidad actual era aceptable. Tal vez, había que buscar un espacio en la tautología, sin temor a no caer en la originalidad; nunca lo había pensado, en cuanto a él eso era una posición personal muy particular, creo que para mí lo más conveniente era trabajar gradualmente hasta lograr un estilo característico que lo identifica a él posteriormente. Yo había elegido escribir a mi manera, tratando de desarrollar lo expuesto por Jorge Luís Borge en el Cuento de La esquina rosada, por eso si se trataba de un poema de tema social lo ubicaba en un barrio, lugares que la gente asociara con la mala vida, un burdel, digamos de orilla de carretera, de un bar de mala muerte, pero existían escenarios mejores como en El Oasis de Carora, donde embriagaron al más insigne de los abstemios que han visitado a ese terruño larense: Pedro Infante. En el taller de novela que desarrollamos en el ateneo, muchas cosas se abordaron, digamos que obras interesantes y hasta góticas, disfrutamos mucho ojeando a Rómulo Gallegos como un vacilón, por ejemplo. Porque ¿quién puede decir, a ciencia cierta, cómo incursionar en la historia universal caroreña sin hundirse en el infierno de las inquisiciones de las mil y una maravillas que se suceden en el Municipio Torres?: sólo su gente, que tiene una visión muy especial sobre el entorno de aquel extraordinario manto marino. Es decir, que Rafael Villanueva pudo moverse con facilidad en aquel macro mundo. En cambio, otros no han sabido introducirse en ese ambiente tan desconcertante y fabuloso, nosotros nos convertimos en testigo entonces por vivir aquello en carne propia, las tardes con los cuentos de doña Hilda Álvarez fueron muy interesantes en mi caso: en cada casa de la ciudad, en cada rincón y en cada sitio se destila argumento para superar obras maestras de la literatura.

 

Hablando con Rafael Villanueva en una oportunidad preveía todo esto y se sentía algo enredado para desarrollar esa pieza que uno vive buscando para dar en el blanco. Aregue, en mi opinión era un sitio para levantar un imaginario y antes él había elegido otro entorno, un ambiente menos familiar; y eso le dio libertad para ser más universal, y esto lo llevó a enriquecer su manera de crear y fantasear, en muchos casos. Puedo sentir mucho respeto por este gran amigo que borroneaba y borroneaba buscando un trabajo feliz, y sobre todo, sin que él mismo se diera cuenta, ya que es importante que la gente sepa que Rafael Villanueva escribía una poesía o un cuento pensando en quedar bien con su propia creación, disfrutando del momento de estampar las ideas en el papel en blanco, en la telaraña de la creatividad.

 

La Victoria, 2016

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