WILLIAM VILLANUEVA: MI SED CONTINUA
El ejercicio y los resultados de los talleres literarios son, indudablemente, de una materia importante dentro del oficio poético en Carora. Incluso a nivel del escenario nacional con la participación de entes públicos estos conglomerados de participación son muy populares, de acuerdo a la opinión de Luís Alberto Crespo, llevan en sus aulas los más serios fundamentos de la creación. Ante el sueño del trabajo poético en el municipio Torres, con escasas excepciones, los poetas caroreños se reunían en la Casa de la Cultura, pero posteriormente Juandemaro Querales asumió el hecho para trazar la misión de dar una oferta más completa a la labor tallerística, dando vida a un proyecto dentro del ateneo, colocando en la visión de esta obra el principio de libertad de expresión y a las perspectivas de las tendencias sin imposiciones.
La poesía caroreña tiene, a manera académica, la tendencia a bifucarse en dos vertientes bien definidas: una que trata de orientarse a los elementos formales y en forma directa a las manifestaciones técnicas de la poética. Por otra parte, se aprecia una sensibilidad creadora orientada antes que nada por la experiencia de las lecturas investigadas y por tanto, moldeada por el juicio crítico y la discusión de las corrientes de pensamiento recientes, aunque articulado a esto se presente un rasgo formativo fundamental y una orientación pedagógica no muy comunes. Entre un grupo de personas que han hecho efectiva su presencia en los talleres están Rafael Villanueva, Solhildemar Querales, Leonardo Pereira Meléndez, Nayarit, William Villanueva, entre otros.
Esto nos sirve para poder ubicar el ámbito en que se da la labor creadora de William Villanueva. Encontramos en su oficio de la palabra un recorrido por el mundo de las revelaciones en su poemario Mi sed continua. Es un caso atípico el de este poeta a tiempo completo, donde en esta colección de poemas logra composiciones acertadas, se espera después de un largo receso los libros donde pueda ratificar sus cualidades con el universo lírico.

Mi sed continua, llega a la luz pública a partir de hallazgos rescatados de lo aprehendido en el entorno, semblanzas que al ser abordadas por la creatividad de William Villanueva rescatan del cementerio de la memoria los vestigios de un paisaje visto desde la visión de lo renovado y la esencia de los sueños en la realidad inmediata. Aquí cobra vida Alí Primera, Neruda, Chío y los fantasmas de la existencia. El edén Aregue es un ambiente sin historia. Toda revelación de la vida cotidiana se vislumbra en ese paisaje lleno de xerófilas, sumergidos en la revuelta de los cambios profundos mientras el tiempo ciñe su dictadura y sobre cada ser cae la niebla de la nostalgia. Vestigio final que es onda de una "oscura realidad" que "estrena sus cadáveres".
Estos poemas son un modo de manifestar a través de la palabra los detalles que hay en el entorno y esa aridez que persiste en el proceso de la vida. Muchas situaciones ínfimas resucitan de la evocación del poeta: la novia que lo amó, el cantante que fue su inspiración rebelde y las vivencias que le animaron a especular sobre un verso feliz. Apenas sobreviven las memorias perdurables dentro de esa orquesta que hace sonar el recuerdo.
William Villanueva vive en Aregue, incursiona en el espectro radial y es el cronista silente de ese rincón del municipio Torres. Como todo trabajador social no ha recibido los beneficios de la burocracia y hasta su puesto como secretario de cámara lo perdió. Pero de su transitar por la cultura le ha quedado el ejercicio permanente de la vena de juglar, de allí nació la creación de esos veinticuatro poemas que conforman su primera publicación, dada a conocer por Editorial Berkana en 1999. Pero su voz sigue soñando con trazos más ambiciosos.
Los poemas que forman parte de dicha colección son el producto cuidadoso y selectivo de lo alcanzado en los talleres de poesía dictados por el insigne poeta Tito Núñez Silva, el magistral rapsoda Eddy Rafael Pèrez y el virtuoso Juandemaro Querales en el Ateneo de Carora "Guillermo Morón".
La poesía caroreña tiene, a manera académica, la tendencia a bifucarse en dos vertientes bien definidas: una que trata de orientarse a los elementos formales y en forma directa a las manifestaciones técnicas de la poética. Por otra parte, se aprecia una sensibilidad creadora orientada antes que nada por la experiencia de las lecturas investigadas y por tanto, moldeada por el juicio crítico y la discusión de las corrientes de pensamiento recientes, aunque articulado a esto se presente un rasgo formativo fundamental y una orientación pedagógica no muy comunes. Entre un grupo de personas que han hecho efectiva su presencia en los talleres están Rafael Villanueva, Solhildemar Querales, Leonardo Pereira Meléndez, Nayarit, William Villanueva, entre otros.
Esto nos sirve para poder ubicar el ámbito en que se da la labor creadora de William Villanueva. Encontramos en su oficio de la palabra un recorrido por el mundo de las revelaciones en su poemario Mi sed continua. Es un caso atípico el de este poeta a tiempo completo, donde en esta colección de poemas logra composiciones acertadas, se espera después de un largo receso los libros donde pueda ratificar sus cualidades con el universo lírico.

Mi sed continua, llega a la luz pública a partir de hallazgos rescatados de lo aprehendido en el entorno, semblanzas que al ser abordadas por la creatividad de William Villanueva rescatan del cementerio de la memoria los vestigios de un paisaje visto desde la visión de lo renovado y la esencia de los sueños en la realidad inmediata. Aquí cobra vida Alí Primera, Neruda, Chío y los fantasmas de la existencia. El edén Aregue es un ambiente sin historia. Toda revelación de la vida cotidiana se vislumbra en ese paisaje lleno de xerófilas, sumergidos en la revuelta de los cambios profundos mientras el tiempo ciñe su dictadura y sobre cada ser cae la niebla de la nostalgia. Vestigio final que es onda de una "oscura realidad" que "estrena sus cadáveres".
Estos poemas son un modo de manifestar a través de la palabra los detalles que hay en el entorno y esa aridez que persiste en el proceso de la vida. Muchas situaciones ínfimas resucitan de la evocación del poeta: la novia que lo amó, el cantante que fue su inspiración rebelde y las vivencias que le animaron a especular sobre un verso feliz. Apenas sobreviven las memorias perdurables dentro de esa orquesta que hace sonar el recuerdo.
William Villanueva vive en Aregue, incursiona en el espectro radial y es el cronista silente de ese rincón del municipio Torres. Como todo trabajador social no ha recibido los beneficios de la burocracia y hasta su puesto como secretario de cámara lo perdió. Pero de su transitar por la cultura le ha quedado el ejercicio permanente de la vena de juglar, de allí nació la creación de esos veinticuatro poemas que conforman su primera publicación, dada a conocer por Editorial Berkana en 1999. Pero su voz sigue soñando con trazos más ambiciosos.
Los poemas que forman parte de dicha colección son el producto cuidadoso y selectivo de lo alcanzado en los talleres de poesía dictados por el insigne poeta Tito Núñez Silva, el magistral rapsoda Eddy Rafael Pèrez y el virtuoso Juandemaro Querales en el Ateneo de Carora "Guillermo Morón".
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