MEMORIA DEL AMOR

Publicado en por Miguel Prado



Bajo el mecenazgo de Zenaida Portacarrero apareció en Barcelona, España, hacia 1999 la obra Memoria del amor de Alfredo Saavedra, una edición privada de apenas cien ejemplares. El oficio poético de este autor guatemalteco da como resultado una aventura idílica y del estallido de los sentidos, de un amanuense lúcido que funde a partir de su experiencia particular, una crónica de tono existencial y  emocional, también  una sensibilidad afectiva y experimentaciones del erotismo.            

 

 

Fue tu condescendencia

en la noche nupcial

con la sombra proyectada

desde esa luz que alumbró tu adecuada posición,

el prodigio de una fiesta

prometida en la sorpresa de tu disponibilidad recreativa,

desbordante en el torrente caudaloso

de mis nervios obstinados de fervor

agradecido y recíproco. 

 

 

 

Su pasión tiene que ver con la revelación. La fluida paradoja, el descubrimiento del tálamo como memoria bullente del rapsoda, donde mitos y edenes líricos se van articulando con el hecho íntimo.

 

 

Así mi sangre se elevó como un árbol

crecido en la fiebre

que hervía en la impaciencia;

la llamarada que extinguiste

con el manantial de tu epitelio,

lluvia acertada sobre

la desesperación en que

agonicé por ti.

 

 

 

La composición poética de Saavedra guarda múltiples significados. Desafiante mantiene la soberbia de los detalles de vivencias profundas en cuyo vacío sentimental la nostalgia y sus ensueños nos llegan crudamente, hace participar al lector en su aventura imaginaria hasta que aparece un universo preñado de un goce retrospectivo-eufórico, el tránsito efusivo, que despierta en el jardín de las delicias  y las turbulentas filiaciones que se proyectan en el universo de las cotidianidades de un visible realidad con furores, ritos y susurrante temblores que quedan sembrado o plasmado en un entorno donde todo no puede llamarse maravilla sin ninguna connotación simbólica. Reflexión que es desgarradora en su transformación interior pero que nos deja una nota agradable en nuestra cabeza por mucho tiempo.

 

resignarme a tu olvido 

si no hubo forma de mencionarte

sin que se levantara de mí

un torbellino remecido sobre

tu temperatura saludable; 

la dimensión de tu calor posible

y la salvación comprometida

en la solicitud de tu piedad

para redimir esta obsesión por ti.    

 

 

 

Las propuestas líricas son permanentes; la valoración del amor, es el explícito reflejo de la memorable condición humana. La cita clandestina, el rompimiento y el dominio denigrante de las limitaciones del entorno. La búsqueda permanente, el altercado, los trámites de la reconciliación, la confidencia constructiva, el descubrimiento de una nueva batalla en el ámbito del sexo. Es en esta revelación, en la labor creativa del poeta, donde descubrimos esa realidad tangible de la que tanto escuchamos a diario: la inefable presencia en el escenario sensual, las imágenes en su extensión y profundidad. Claro está, la enunciación del lenguaje nos hace una captación constructiva de la configuración poética como tal, que no pregona mucho Alfredo Saavedra.

 

 

Entonces acepté tu manzana incuestionable

porque quise pervertirme en el

pecado inevitable

de tu fruto pertinente.   

 

 

Por eso encontramos esencial la afirmación, la abierta de las latitudes del amor: el encuentro, las emociones, las circunstancias, el cuadro amoroso en aspectos donde la existencia y el rompimiento se mezclan en una sola fórmula. 

 

 

Cuando te despojabas de tus joyas

de tus atuendos particulares

tus prendas secretas

y apretabas espacios para que anidara tu holgura

consecuente conmigo,

nos sumergíamos en la evanescencia

de nuestras aguas inauditas,

la delirante extenuación acogida en el reposo

para el sueño apacible de nuestras tentaciones. 

 

 

En Memoria del amor el autor retrata la evocación como eslabón, la intimidad es más profunda, las reflexiones pertenecen a un espacio abierto que se hacen sentir desde el centro de una composición llena de imaginación, transformada por el hilo conductor que proporciona múltiples sugerencias.

 

 

Era así que había obsequio en tu mirada

muy indispensable para el gozo,

evidente en la promesa

de mostrarte con la gracia

del regalo de tu modo.

 

 

El amor visto por el poeta fluye por los cauces del gran delta íntimo, se hace indagación estética a cada nueva composición, se permuta con la habilidad que sigue al verso feliz, al hallazgo de la belleza interior. El tejido de palabras es fruto de un discurso claro, es la ocasión para penetrar las grietas del corazón y crear el big bang de la creación que está inserta en un poema que no deja de evolucionar para embrujarnos con sus alcances.

 

 

 

Así que en tu descenso al sueño

despertó la luna de tu desnudez espléndida  

 

 

Alfredo Saavedra, sin duda ya se ha labrado un camino estable en la literatura de Guatemala, su dominio lingüístico, el manejo de elementos psicoanalíticos, míticos,  la enajenación de la historia, lo hacen visualizar como un autor de alto vuelo.

 

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