LA VICTORIA Y OTRAS COSAS
Todavía con el teatro Ribas fuera de funciones cinematográficas, la capital del municipio "José Félix Ribas" ofrece muchas sitios agradables para escudriñar y pasar un rato agradable. Un itinerario muy económico es el paseo por la el centro de la ciudad que ya se semeja los bazares orientales, auténticos surtidores de altercados cotidianos. Están distribuidos pors las calles angostas de la calle Rivas Dávila y la Campo Elías, pero en menor escala por la calle Libertador. Los vendedores de la comida chatarras permanecen en espacios destinados para los automóviles que no acatan las disposiciones del corredor vial.
Aunque los tarantines afean la ciudad el ciudadano común y corriente se ha acostumbrado a este caos inusual en esta urbe histórica donde se ha librado la batalla má larga del mundo. A esto se debe agregar los fruteros que tienen pocas ofertas saludables para el bolsillo del usuario, pero su cartel de ventas son sólo vistosas frutas tropicales y los populares paquetes de compañía cafeteras que ellos se han tomado la libertad de cambiarle el precio a su voluntad, pues nadie protege al consumidor en esta tierra bendecida por el Santo Cristo de El Calvario y la Virgen de Guadalupe. De modo ilegal y poco solidaria logran atraer la vista de algunos incautos que ni precio piden.
El patrimonio histórico tampoco se salva de la invasión de los trabajadores informales que insultan con desperdicios la Casa Mariño, además de la basura que logran dejar los transeúntes furtivos. Los sitios más visitados son los tarantines de venta de música y videos provenientes de la capital con gran variedad de interprétes pero no existe oferta ni demanda, claro está, el precio queda al libre albedrío del vendedor musical. Lo bueno de todo es que en esta ciudad popular la chicha industrial ocupa la preferencia de propios y extraños; no importa la marca de la freanquicia. Al parecer, las cadenas de chicheros en La Victoria no surgen de una empresa en particular, exceptuando la Cherry que si se expende en varios sectores.
Los propietarios de los puestos de venta de la economía informal tienen historias particulares de su llegada a este tipo de empleo: han asumido este negocio por no haber mucha demanda de personal en las pocas empresas que quedan con vida en los disezmados parques industriales venezolanos o hallaron la forma más sencilla de una entrada monetaria a través de la ilegalidad amparada por las instituciones del estado, quienes no pueden ipedir este derecho consagrado en la constitución como lo es el trabajo.

Un caso muy particular sucedió en una oportunidad en la calle Rivas Dávila cuando fueron a cobrar una cuenta pendiente algunos ciudadanos y en el encuentro violento mataron a los buhoneros que estaban buscando con un saldo de muertes que pudo sobrepasar una enorme multitud porque el enfrentamiento armado fue en la hora pico del mediodía. Esto no ha impedido que los peatones y los vendedores ambulantes desistan del proceso de compra.venta, ni al regateo por dejar más barata la mercancia, no hay trato, el despacho se amolda al precio que ellos han podido imponer con la comunidad de vendedores.
Pasear por la ciudad es un hecho muy emocionante para comprar con la vista, conversar con las muchachas bonitas que venden en sus respectivos puestos y fotografiar el alboroto que se forma entre el congestionamiento peatonal como automotor. Esto sin duda forma parte de nuestra diversidad cultural y es gratificante disfrutar de la esencia habitual que se hace común en la telaraña urbana.